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CRONICA DE LA EXCURSION A LA RIOJA
Con británica puntualidad, salimos a las siete y media de Oviedo, recogimos el grueso del personal en Gijón y completamos finalmente con los excursionistas de Villaviciosa.
Nuestra guía, como viene siendo costumbre, tras presentarse, nos obsequió con unas golosinas que sirvieron de pequeño “tente en pié” hasta la primera parada que se hizo en Unquera en uno de sus muchos “corbateros” establecimientos. Algunos, muy previsores, no solo atacaron las famosas corbatas, sino que también trabajaron la tortilla y otros apetitosos canapés, por si la hora de la comida se hacía esperar.
Continuamos viaje, ya con otras caras más alegres y despiertas, todo hay que decirlo, sin detenernos hasta la siguiente parada programada, que fue en la conocida villa de Haro, capital vitivinícola de la comarca Riojana. Hicimos una corta visita a los lugares más interesantes de la villa, descansamos en alguna de sus céntricas terrazas, y reanudamos viaje hacia Briones como estaba previsto. Debido a que los autocares no pueden entrar en la villa, tuvimos que andar un buen trecho, con escaleras incluidas, hasta llegar a lo alto de las murallas en donde teníamos pensado degustar el pic-nic. Verdaderamente mereció la pena la caminata. Las vistas desde aquel enclave eran un regalo para los nuestro ojos. El día era estupendo, ni mucho ni poco calor, buena visibilidad y un sol acompañado de una suave brisa, hacían que la panorámica sobre las tierras alavesas, regadas por el río Ebro y delimitadas por la cordillera cantábrica, se constituyeran en un marco de belleza difícil de describir. Si a todo esto le sumamos los buenos “bocatas” del pic-nic, ya más no se podía pedir.
Alimentados como para resistir un prolongado sitio, recorrimos las calles del pueblo, admirando los bien conservados blasones que presidían las centenarias casonas-palacio de piedra con sus regios portalones. Llegamos a la plaza mayor, que no es muy grande, pero preciosa, con una iglesia impresionante tanto por fuera como por dentro. Café para evitar la modorra digestiva y retorno al autocar para continuar itinerario.
La siguiente parada ya fue donde la “gallina canto después de asada” es decir, Santo Domingo de la Calzada. Aquí hicimos un alto de dos horas para visitar lo más significativo de la villa y para que cada uno hiciera las compras de regalos etc. que le apeteciera.
De Santo Domingo, salimos para Nájera dejándonos el autocar casi en el centro de la villa. Pasamos ya caminad por uno de los puentes que cruzan el hermoso río Najerilla, que divide la ciudad en dos, hacia la parte antigua y peatonal. Nos sorprendieron las concurridas calles por el importante número de tiendas de regalos y otros negocios de considerable calidad, síntoma inequívoco de la prosperidad económica del lugar. Tuvimos tiempo para recorrer toda la villa y también para descansar un poquito, antes de arrancar ya para Oyón donde teníamos contratado el hotel.
Llegamos con tiempo suficiente para arreglarnos un poco antes de reponer nuestras, ya un poco debilitadas fuerzas, con la buena cena que nos sirvieron en el propio hotel. Comida muy casera que consistió en espárragos de la tierra con mayonesa, ensaladilla rusa, lomo con patatas y pimientos asados y aliñados, también de la tierra, y postre de flan con helado muy rico.
Acabada la cena, la mayoría ya tenían la vista fija en la dirección de la habitación, y los más resistentes salieron a recorrer el pueblo y buscar algo de ambiente. Todos regresaron al poco tiempo sin ninguna copa de más… ¡Vamos, eso creo!
El hotel era muy familiar y muy amablemente atendido por su dueña. Desde aquí le damos las gracias y le enviamos un saludo señora Maite.
A las nueve de la mañana siguiente, desayunamos en también en el hotel y nos preparamos para salir sobre la diez rumbo a Laguardia, donde hicimos una prolongada visita, el lugar lo merecía verdaderamente, hasta las doce para contemplar el simpático reloj del ayuntamiento del que salen unas figuras vestidas con los trajes típicos de la zona y que danzan al son de las campanas del propio reloj. Es de destacar también, la basílica con su bellísimo pórtico policromado, así como el paseo por las murallas y sus hermosas puertas.
Salimos, seguidamente, para Labastida, donde nos esperaba una pequeña caminata, también cuesta arriba, para llegar alo alto del pueblo donde hay una formidable iglesia-fortaleza que ofrece unas inigualables panorámicas de esta bella tierra riojana.
Bajamos por un camino plagado de romero en flor y otras plantas aromáticas, nuevamente hacia el centro de la villa donde tuvimos tiempo para relajarnos, cada uno a su aire, hasta la hora de la comida en el restaurante que estaba a pocos pasos.
Una rica paella, pollo asado con patatas y ensalada y unos sabrosísimos melocotones enteros en conserva, nos pusieron a vivir para así acometer la últimas etapa de nuestro recorrido, que sería la visita al museo de la Cultura del Vino Dinastía Vivanco. Debo destacar, que en medio de la comida, alguien propuso un brindis deseando que nuestra secretaria Ana y también Corujo, a los que echamos mucho de menos todo el tiempo, se pusieran buenos cuanto antes. Así que con tantos cuantiosos buenos deseos no os queda más remedio que corresponder y presentaros en la próxima excursión marcando el ritmo en la cabeza de la marcha. Bueno Ana, o aunque sea atrás del todo, pero tú ven.
Dinastía Vivanco se trata, sin reservas, de un gran museo. Con un entorno precioso, y bien cuidado, estructura de lujo y perfectamente combinada, ya da idea de que el interior va a ser algo verdaderamente extraordinario. Y así es. En varios pisos de salas muy amplias, hay expuestos multitud de objetos y utensilios relacionados con la cultura del vino, así como unos claros audiovisuales que te explican todo lo que puedes desear saber sobre el cultivo y elaboración del vino. Algunas de las piezas mostradas son de un incalculable valor intrínseco.
Sobre las seis y media, salimos ya para casa haciendo una última parada, también en Unquera para “encorbatarnos nosotros y la familia y finalmente llegar derrotados, pero muy satisfechos a nuestros lugares de partida.
Al hacer nuestra guía su protocolaria despedida, se le correspondió con un merecido aplauso por su buen trabajo, simpatía y coordinada organización. Te damos las gracias Susana, nos has hecho pasar unos hermosos días.
EDU.
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